Venía de Nefrología y aterrizó en Psiquiatría Infantil. Entonces era una Unidad de 1 (yo) y se convirtió en Unidad de 2 . Su capacidad de adaptación se manifestó de inmediato y a lo largo del tiempo. En muy poco tiempo la enfermera de nefro se convirtió en LA enfermera de psiquiatría infantil (y juvenil). Entendió y supo desarrollar ampliamente las directrices e iniciativas asistenciales que se fueron improvisando, experimentando, innovando. Era un tiempo en que todo comenzaba, todos empezábamos. Ella fue desde un principio la persona imprescindible en la organización de la asistencia hospitalizada. Partía de cero y llegó muy lejos. Sus adolescentes la respetaban y querían. Era enérgica y tierna a la vez. Sabía tratar a los padres, los entendía, los controlaba. Formó enfermeras/os y auxiliares, intentando transmitirles actitudes, conductas y sentimientos, los suyos, que no todos podían asumir. Fue una piedra angular de aquella Unidad que, con ella en su centro operativo, se transformó en Servicio.

Su dedicación organizada a los/las pacientes con TCA fue total. Eran sus pacientes preferidos, los que más dedicación exigían. La Unidad de TCA en el Hospital Clínic fue posible por la diaria labor de Pepa. Comprendió y se entregó. Fue pionera. Recorrió todas las asociaciones españolas de familiares de pacientes con TCA, intentando orientar y especializar enfermeras. E intervino en congresos. Y entró en AETCA. Y colaboró. Y formó parte de la Junta. Y estaba modestamente orgullosa de todo ello.

Pepa Puig no fue sólo una excelente profesional. Era una persona muy honesta, muy responsable, con ideas muy claras, preocupada por la justicia (es decir, por las injusticias), muy amiga de sus amigos, muy certeramente crítica, muy discreta cuando convenía y muy contundente cuando también convenía. Pepa Puig era imprescindible. Pepa Puig ha sido irrepetible. Los que la hemos vivido muy de cerca durante tantos años estamos tristes, rebelados, cabreados ante el absurdo del sufrimiento inútil.

Pepa, será difícil que te olvidemos

Josep Toro