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Este año el Día Mundial de Acción por los Trastornos Alimentarios se dirige especialmente a las familias, foco de mitos muy perjudiciales que complican la evolución del trastorno y generan sufrimiento a quien padece el trastorno y a quienes le quieren.

Un trastorno alimentario no es un capricho sino un sufrimiento psíquico intenso de causas muy complejas. La familia necesita apoyo, no consejos facilones. La familia no tiene la culpa del trastorno alimentario y necesita un abrazo y un hombro donde llorar su impotencia, no críticas o culpabilizaciones injustas, dañinas e ineficaces. Por todo ello a las familias hoy les recordaría: - La recuperación de un trastorno alimentario es posible y probable. Si has oído el término “cronicidad” es porque suelen durar años hasta conseguir la completa recuperación pero con diferentes etapas.

No desesperes. Sí hay luz al final del túnel - Sé que te hubiera gustado controlarlo todo para evitar el sufrimiento de tu hija/o. Pero eres humana/o y no tienes la culpa de serlo. La culpa es una trampa que te miente diciéndote que hubieras podido controlar lo que no pudiste. - No tienes la culpa del trastorno, pero con tu actitud ante él puedes contribuir a que tu familiar salga adelante. - Igual que sientes empatía por otras familias pasando por lo mismo, dedícate una parte de esa empatía a ti. Cuídate, y reconócete cuánto estás sujetando - A veces escuchar las lágrimas de tu ser querido es lo más importante que puedes hacer. Sé que te sientes impotente porque te gustaría hacer más.

Pero necesita encontrar su propio camino. Respira: ¿Estás disponible? Ya estás haciendo lo más importante - A veces la ayuda a tu familiar será más de “no hacer” que de hacer. Necesitas aceptar que aunque te gustaría “sacar” a tu familiar del trastorno por tus propias fuerzas, tienes un papel secundario pero muy importante detrás, sujetando, sosteniendo.

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